Una noche en la Riviera.

 

La tarde prometía, llegamos pronto por lo nuestro con la puntualidad, aparcamos en una paralela a la Sala Riviera en un carga y descarga para ser mas exactos, eran las diecinueve treinta  y la señal marcaba  hasta las veinte horas límite para que se quitara la restricción, lo dejé allí y justo enfrente había un bar de barrio, tirando a cutrillo, con un camarero muy al estilo Fito del grupo Fito y los Fitipaldis, pedimos tres cañas para hacer tiempo antes del concierto y sobre todo vigilar que no me denunciaran, solo faltaba medía hora para ser indemne y conseguir un lugar privilegiado cerca de la sala. Empezó a sonar Yann Tiersen, pronto dejó de pasar de ser un bar de barrio a un hogar, se lo trasmitimos al regente del local y como si de una especie de hermanamiento nos puso en antecedentes de lo que íbamos a ver. Una vez solventado el problema de aparcamiento nos dirigimos a la cola donde pudimos comprobar que era un concierto con mayoría de jóvenes comprendidos entre los veinte y treinta años, todos con un estilo muy definido y aparentemente universitarios, alguna chica con el look Amelie se vio, pedimos un litro de cerveza para entonarnos un poco, el humo de la hierba de nuestro alrededor hizo el resto, y Matt Elliott nos puso en antecedentes del presagio, pero de una forma muy tranquila y andrógena podríamos definirlo, la conversación y la cerveza creó un clima de desasosiego y felicidad, de risas hasta la entrada de Yann y su banda, ya no era fácil darse la vuelta para poder hablar, ni siquiera recorrer los quince metros que nos separaban del baño para erradicar nuestra continencia, un concierto cañero y muy electrónico cosa que no nos pilló de sorpresa por que voces desde Granada ya nos habían puesto en antecedentes de la carencia de Amelie, en este caso solo de una forma efímera y muy radical dieron la seña de identidad al concierto con respecto a la película. Casi dos horas de música totalmente distinta a su estilo pero con marcadas raíces folclóricas y una contundencia que nos hizo disfrutar hasta la extenuación, hizo llorar a su violín con la canción Sur le fil. Su nuevo estilo me recordó mucho a King Crimson.  Nuestra aprobación a cada final de canción se definía por miradas cómplices de nuestro agrado.  La despedida fue como buen francés a la francesa, parco en palabras y sin demasiada efusividad, pero dejó a todos con un buen sabor de boca incluso dejándonos como en todo lo que es bueno con un poco de hambre. A la salida del recinto nos dispusimos a recoger el coche, pero el bar anteriormente citado estaba con un ambiente post concierto que nos arrastró a quedarnos a tomar unas cervezas y empaparnos del Madrid de noche y cultural, el camarero atento nos preguntó por el concierto y después de intercambiar impresiones y gustos musicales nos invitó a una ronda y nos dio el nombre de un viejo conocido del que ahora nos estamos haciendo eco que es René  Aubry  francés y con el mismo talento de Yann. La noche se convirtió en una exquisita velada musical y de amistad, como diría el maestro, “estamos tan agustito” que  no queríamos que hubiese terminado. ¿Cuál será el próximo ?.

Anuncios

LÁGRIMAS DE EROS

 

Sin ir con vosotros, he ido,

Sin mirar, he visto,

Sin conocer, he aprendido,

Sin querer, me habéis conmovido…

Gracias por compartirlo todo conmigo.