Joan Manuel Serrat de Gabriel Celaya

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 

 

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ENHORABUENA RAPHAEL

 
 

Estos últimos 3 años aprovechando que he convertido”la obligación” de vigilar de lejos a mi adolescente (yendo a todos los conciertos habidos y por haber, que contratan en las fiestas  del  municipio donde resido), en “pasión” por la música en directo, no puedo por menos que hacer una pequeña crónica sobre uno en especial que ha tocado mi interior y que no es ni más ni menos que el de RAPHAEL.

La plaza estaba de bote en bote, la gente llegó tres horas antes al lugar para coger silla y los que no para coger sitio. La primera sorpresa agradable fue su puntualidad inglesa, el concierto estaba anunciado para las 22.30h y justo en ese preciso momento salía al escenario, no se hizo esperar, no hacía falta que la gente se impacientara, se cansara más de lo que ya estaba, este respeto por sus fans y por los que no lo eran, pero tenían curiosidad en ver una leyenda, le hacía todavía más valioso.

Me acerqué para ver a un cantante con 50 años de profesionalidad a su espalda, pensando para mis adentros que aunque no hubiera seguido su trayectoria, ni llevara su música en mi mp3, algo tenía que tener de especial para que después de tanto tiempo llenara todos los sitios donde iba.

No es sólo un cantante con una voz prodigiosa, cuando aparece es un actor que ilumina con su presencia el escenario, con sus paseos chaqueta en mano, con sus dúos con Rocio Durcal y Rocio Jurado, con su espejo…canciones románticas y explosivas, tan tarareadas y bailadas como, Yo soy aquel,  El espejo, Escándalo, Como yo  te amo… hacen de su espectáculo una joya para llevar en el recuerdo.

Un concierto de casi tres horas para deleitarse con su música, su arte y su voz; eso sí, estar de pie tanto tiempo en un espacio mínimo, casí sin poder moverse te dejan los riñones y el resto un poco tocaos pero merece la pena, porque  Digan lo que digan que nos quiten lo cantao  lo  bailao  y por supuesto lo vibraooooooooo.

 

 

                 

 
 
 

CINEMA PARADISO

 

 

Cuando una película la ven dos niños de seis y cuatro años respectivamente sin pestañear, sacando de ella conclusiones y valoraciones, preguntando el por qué de muchas de las escenas, cuando el padre de esos niños se emociona y sus hijos lo notan y le abrazan y preguntan por que lloras papá es por que la película es de una intensidad brutal, una elegancia eminente, una ternura honda, una exquisitez sin igual. Una película que cuando salió me pilló con veinti pocos años, y no se ven como cuando uno se acerca a los cuarenta donde casi se mastican las emociones, donde además hay una predisposición a sentirla, a vibrarla y de que manera. El viernes la regalaba un periódico de tirada nacional y no dejé pasar la oportunidad, si fuera Ministro de Educación la mandaría obligatoria en los colegios, es una gran apología hacia el séptimo arte, a la amistad, un gran reflejo de la sociedad italiana de la época que no dista mucho de la nuestra,  preciosa, excelente, magnifica, maravillosa, divina, perfecta, primorosa, exquisita, deliciosa, encantadora. Que puedo decir la Ennio Morricone que la adereza haciéndola si cabe mucho mas grande, donde hace un nudo en el estomago, donde sujeta las lágrimas hasta el límite aquí dejamos un regalo para complacencia.