Homenaje a Lucía Etxebarría

Hace unos años, aproximadamente 4, leí un libro de Lucía Etxebarría, titulado “Ya no sufro por amor”, personalmente no me aportó nada interesante y quizás por eso no volví a reparar en los libros de esta autora. Un defecto que tengo con los escritores es que cuando leo el primer libro que cae en mis manos y no me gusta, después me cuesta leer otro distinto del mismo autor.

Un día paseando en un centro comercial entre las estanterías de libros, y como siempre, sin buscar nada concreto, sólo el gusto de tocarlos, leer las reseñas en sus portadas y disfrutar con sus títulos, me llamaron la atención dos, entre ellos uno de Lucía llamado “Un milagro en equilibrio”, aprovechando que quería tener un detalle con una persona que tenía un día entre malo y regular y  que además estaba de oferta, lo compré. Esa misma tarde tomamos un café y se lo dí.

Al día siguiente ya había empezado su lectura y el periplo de la vida de la protagonista, Eva, contándole a su hija la realidad de su familia en una carta-diario. Su opinión, que siempre tengo muy en cuenta, fue una sorpresa para mí, hablaba maravillas…no tuve más remedio que leerlo. A mí también me encantó y empecé a ver a Lucía con otros ojos.

Después de eso ha llegado a mis manos el libro de “Amor, curiosidad, prozac y dudas” que también me ha encantado y del que voy a poner un párrafo que me ha gustado mucho, por que me hace pensar…¿y a vosotros?:

<<Asumamos que Iain me ha dejado y que nunca va a volver. Quizá nunca le quise. Quizá sólo quería que llenase este agujero enorme que tengo en mi interior. Es hora de que aprenda que no puedo perderme en la vida de otra persona sin haber vivido la que me pertenece y que yo, y sólo yo, puedo llenar mis propios huecos.>>

 

SOROLLA, exposición de su obra en el Museo del Prado.

 

A las 16.00 horas habíamos estacionado en un parking de la calle Montalbán  y nos dirigíamos charlando animadamente al Museo, disfrutando de una tarde calurosa y tranquila a ver la famosa exposición del pintor. Cuando llegamos a la puerta de acceso que da a la iglesia de los Jerónimos, sólo tuvimos que dar nuestros nombres, que ya previamente se había encargado de registrar nuestro querido amigo Antonio, persona entrañable de épocas pasadas y como no de épocas venideras, con lo cual nos dieron las pegatinas de "visita oficial" y como por arte de magia nos podíamos pasear por todas las salas sin dificultad alguna y no sólo la dedicada especialmente a Sorolla.

Una vez dentro del recinto, preguntando y con ayuda de los amables recepcionistas y azafatas/os localizamos a nuestro anfitrión, que sin hacerse esperar mucho se puso a nuestra disposición y nos acompañó a la entrada de la galería del pintor. Por motivos de trabajo nos dejó a nuestro aire allí dentro, sin olvidar que después iríamos a saludarlo y charlar un rato con él.

No entiendo de cuadros, es decir, de pinceladas ni de brochazos, de lienzos ni de acuarelas, de estilos ni épocas. No tengo ningún pintor favorito, ni he visto tanto como para que se me tome en cuenta. Lo que conozco son los típicos cuadros que aparecían en los libros y que nos hacían estudiar, que incluso me aburrían soberanamente. Por eso humildemente y sobre todo de forma muy personal  y subjetiva tengo que decir que me quito el sombrero ante semejante artista, más de 100 obras expuestas en dos plantas, la primera dedicada a los cuadros más conocidos del autor: paseo a orillas del mar, trata de blancas, niños en la playa… y la segunda dedicada a la Visión de España del pintor donde plasma con el mayor realismo las escenas más típicas de las distintas regiones de nuestra península: Concejo del Roncal (Navarra), los bolos (Guipúzcoa), la romería (Galicia), el mercado (Extremadura)…

No sólo he tenido suerte en elegir el pintor, también la he tenido con la compañía que tuve toda la tarde y por supuesto con nuestro anfitrión. Es un día para mí recuerdo y sobre todo una cura de lo cotidiano de la vida; como  he comentado a mi acompañante, es una perla para el alma…una inyección de ánimo para éstos tiempos de tedio, de pasar de todo en la vida.

Por todo esto y porque la exposición de Sorolla se va de Madrid el 26 de julio os animo a que os acerquéis a enriquecer la cabeza y el corazón con tanta belleza.

Ah¡ no olvidéis poner una banda sonora a este día, supongamos escuchar a todo volumen a Antony and the Johnsons versionando una canción de Leonard Cohen.

 

 

Nunca es demasiado tarde.

Me acerqué consciente de que la cosa no sería halagüeña no obstante recapacité y fui a darte el pésame, me miraste con tristeza y asentimiento. Reconfortado de mi fortaleza al ir después de tanto tiempo a verte, que pena que sea por estas circunstancias, cruzamos unas tímidas y protocolarias palabras, yo me encendí un cigarro después de dar el tan ansiado paso de volver a reencontrarnos y esperé en la puerta del Campo Santo a que pasara todo el cortejo a darte el pésame a ti y a tu familia, tu me mirabas de reojo y sabias que quería hablar, se que no es el momento adecuado, después de tanto tiempo venir  así y en estos momentos de duelo pues no es lo mas oportuno, pero mi estomago y mi angustia estaban llegando casi al límite con este tema, que sin saber por que se nos había escapado de las manos, el cigarro se consumía y el goteo de personas se perdía por el camino poblado de cipreses que adornaban la última escena de nuestros días. Una vez finalizado el duro momento, te acercaste a mí por la espalda mientras que mi cabeza era un fluir de cosas que te diría y que seguro no me saldrían cuando mas lo necesitase, ¿Cómo te has enterado? Fueron sus primeras palabras desde hacía más de quince años que no hablábamos. Bueno ya sabes que estas cosas corren como la pólvora le contesté. Te agradezco que hayas venido me replicó. Una fresca brisa de primavera rozó mi cara mientras andábamos camino del pueblo, la conversación fue banal y centrada en la triste pérdida que acontecía, sus palabras eran dulces, llenas de cariño y nostalgia, pero cargadas de resentimiento que yo casi respiraba, toda la conversación hasta las primeras casas fueron fluidas, desde luego no nos apetecía reprocharnos nada, solo necesitábamos reconfortarse el y disfrutar yo de su compañía después de tan largo periodo sin vernos. Entramos en su casa y me puso un vino de esos moscatel que se hacen en los pueblos, me invitó a sentarme y me enseñó los recuerdos de gran amor ese amor que se ha ido casi de puntillas y que ha dejado un vacío irreparable en su sensible corazón, roto por la enfermedad y la desdicha, sus ojos se inundaron de lágrimas de nuevo acentuando el hinchazón que de por si ya tenían. Empezó a contarme las veces que ella me animó a volver a llamarte y solucionar nuestras diferencias, las veces que se lo negué, las veces que me suplicó que dejara el orgullo aparcado en un cajón o enterrado en el jardín, las veces que me pidió por favor que me acercara a ti. Mis lágrimas fueron ahora las protagonistas de tan duras palabras, echas por una mujer tierna, amable y gentil con un corazón grande, y me afloran mis sentimientos de culpa y mis reproches, mi intransigencia, mi egoísmo, mi soberbia, y todo esto queda reducido a nada, y lo peor de todo que queda reducido a que ya es tarde para que una mujer que lo ha sufrido en vida y ha llevado la pena colgada a su espalda como una penitencia en semana santa, ahora no pueda ser testigo de nuestro reencuentro. Pero una cosa está clara ella se ha muerto para unirnos de nuevo y para que no nos separemos mas, DAME UN ABRAZO AMIGO MIO
 

UN INSTANTE

Paseaba a cierta distancia de mi, con esa forma de andar que verdaderamente se aprecia cuando lo da la amplitud de la estancia y sobre todo la ausencia de prisa, con el folleto ilustrativo que dan a la entrada de los museos rozando tus labios, con un aire pensativo e intelectual, y yo me senté por el cansancio de la cola en esos puff rectangulares que ponen en el medio de todas las salas para admirar las obras desde una perspectiva mas adecuada y reflexionar sobre lo que se está viendo, tu tenías tantas ganas de ver la exposición que te aventuraste, dejándome  a mi de actor secundario, yo aproveche para observarte, desde esa pequeña distancia vi tu áurea, esa que te acompaña a todas partes y que es la que me embauca, tu mirabas las obras y yo me limitaba a ver la obra, esa obra eras tu, por cada paso que dabas yo recordaba una escena de nuestros momentos juntos, por cada movimiento que hacías  me llegaba un olor tuyo, me gustaba cuando me señalabas una cosa que te llamaba la atención de un cuadro y me sonreías, yo te sonreía pero no por el comentario, yo apenas te oía, te asentía por que lo que yo veía de verdad era un cuadro de una belleza y volumen de lo mas proporcionado, de unas pinceladas que me embargaban, tu seguías paseando ajena a mi momento agradable, paseabas ingenua a mis pensamientos, tantas veces juntos tantas veces tan cerca y ahora estoy viendo algo que pasaba desapercibido para mi , y sonrío sólo, mientras mis ojos te acompañan en cada parada que haces, solo estas tú entre las cientos de personas que pueblan la gran galería, sigues indicándome detalles desde tu distancia y yo asiento de nuevo con una sonrisa de felicidad de lo afortunado que me siento de ocupar el lugar que ocupo para ti, ya cansada de verlo sola me invitas a levantarme, yo como un imán me incorporo colocándome la arruga del pantalón, y despaldas a tí te abrazo pasando mi mano por tu brazo y tu sin darte cuenta de lo que he experimentado me haces participe de tu entusiasmo por unos brotes de óleo que forman un verdadero mosaico de luz y colorido, que se refleja en tus ojos y me regalas a mi con tu dulce sonrisa.

 

WAVERLY PLACE

 

WAVERLY PLACE

Hacemos el amor de una manera
imperfecta, mezquina y temerosa.

Nunca profundizamos. Nos quedamos
en la simple epidermis del instinto.
Y el placer obtenido se nos mezcla
con una sensación de desagrado.

Porque ponemos bridas al amor.
Levantamos barreras y frenamos
al llegar al umbral del punto límite.
Nunca lo trasponemos por cobardes.

Nos asusta ese paso hacia adelante.
Y miramos, cansados, al amor
entero, irrealizado, sobre el lecho.

Descontentos por no alcanzar la meta.
Como incendiar un bosque y que una lluvia
imprevista lo apague al poco rato.

Hacemos el amor como si fuera
un rito y por lo tanto usamos símbolos.
Sabemos el sentido de los gestos
y acciones que efectuamos al amarnos.

Morder y devorar, hender, herir…
Y gritos o gemidos alumbrándose.
Su significación es evidente.
Pero nos causa miedo. Y nos frustramos.

Habría que pasar de la parodia
al hecho y realizarnos plenamente.

JOSÉ MARÍA FONOLLOSA