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La madres

LA MATERNIDAD

Pablo Ricardo Vacazur

Menuda invención son las madres. Espantapájaros, muñecos de cera para que les clavemos agujas, simples gráficos. Les negamos una existencia propia, las adaptamos a nuestros antojos: a nuestra propia hambre, a nuestros propios deseos, a nuestras propias deficienias. Como he sido madre, lo sé.
 
Margaret Atwood
El asesino ciego

Tarea Pendiente

Descubrir nuevas formas de dar rienda suelta a la imaginación a veces está en la palma de la mano y se desaprovechan, pero desde luego esta se quedó impregnada en mi carpeta de tareas pendientes. Cuando estaba mas relajado en el ocaso de una tarde de primavera inestable, y viendo el horizonte desde mi posición privilegiada con la dificultad, eso sí, de las gotas del vapor que cubrían los cristales, dándole un toque mas acogedor e intimo, por que no decirlo, y el sonido de los chorros que era lo único que turbaba mi deliciosa paz, mis ojos cerrados para sentir con mas ahínco el placer de las burbujas dando en mi espalda, de vez en cuando el quiclear de los hielos de mi ron con cola al deshacerse a causa de  los treinta y siete grados acontecidos en la confortable cabaña de madera que cubre el spa, dándole un calido ambiente a la estancia. Cuando no esperaba nada, y digo bien nada, apareciste con tu inseparable amigo ese al que llamo “sigilo” que se ha convertido en mi aliado de escena, con ese albornoz blanco impoluto atado a la cintura y con sonrisa sinuosa y picara agitando la copa que contiene el maná que conduce al laberinto que me espera, tu voz dulce y melodiosa solo dijo, un ¿que tal? que me sonó a una proposición en este caso decente, por que indecente hubiese sido no hacer nada al caer despacio la tela que cubre tu espalda y que va desnudándola con la policromía que produce el color terso de tu piel y el blanco nuclear de tan esponjosa prenda, una vez en el suelo se activan todos los resortes nerviosos de  mi cuerpo, me preparo para el ritual que empieza a acontecer en tan reducida estancia. Tu pierna entra en el agua con esa elegancia tan solo comparada con la garza y en toda tu piel  empiezan a brotar gotas de sudor mezcladas con las de la temperatura del agua, te presentas delante de mi dándome tu estructurada espalda, sensual y pícara mirando para atrás, intentando intuir lo que sabes de verdad, de nuevo haces sonar los hielos del vaso mojándote los labios ya de por si empapados por tus glándulas salivares y sonríes. Intento acercarme para oler, solo y únicamente oler lo que de tan grandioso espectáculo se desprende, arqueas tu cuerpo tus caderas crean olas en el agua y tu tanguita bikini de colores turquesas y diminutos motivos florales ejercen una portentosa fuerza solo comparada con la gravitatoria para acercarme a rozar tan dichosa textura, mientras que rozo mi barbilla en tus glúteos desnudos tan solo arropados por tan diminuta prenda. Me acaricias con mesura y deseo mi cabeza, hago coincidir mis ojos con los tuyos para intuir el grado de dicha que corre por tus vertiginosas curvas e intuyo que me das tu aprobación, mi boca recorre tu espina dorsal mientras mis manos de una forma armoniosa y disciplinada suben por tu tripa, dirección a tus erguidos pechos, que una vez rozados, emiten en tu voz y desprenden un diminuto gemido, te das la vuelta de una forma que solo tu sabes hacer para que parezca que el que tiene ganas solo soy yo, y dejas a mi deleite tus glándulas mamarias, que solo rozo con mis labios, para llenarme la boca de tu boca antes y besarnos con un deseo indescriptible, un beso de esos que calientan mas el agua del recipiente que nos contiene, donde mis manos divagan sin rumbo pero no perdidas y las tuyas arañan débilmente mi espalda y suavemente mi cara, nuestras lenguas mantienen un pulso que creo que vamos a ganar los dos, y la violencia del deseo empieza a resurgir como un volcán sumergido en el mar, como la lava que cae y desprende el máximo vapor, así nos encontramos, me invitas a tus pechos y me los acercas para que los bese y muerda con su adecuada precisión mientras que tus gemidos se hacen mas abundantes y crean un clima de ganas incalculable, las bocas vuelven con violencia a juntarse, y nuestros cuerpos se rozan y se sienten en su grado pleno, tenemos ganas de nosotros mismos, pero no deseamos que se acabe, te despojo de tu ridícula prenda y cae con un “choff” en el suelo de madera fuera del spa, el agua se sale por todos lados, de los movimientos alegres y desinhibidos de la situación y mis manos se acercan a tu sexo, acariciando cada pliegue y cada terminación nerviosa, tus piernas me rodean y mis manos estimulan tus ganas, tus piernas me sienten y tu vulva también en cada movimiento, me tienes cogido del cuello encima de mi, y me despojo de mi bañador clásico pero relativamente ajustado, tus manos buscan mi erección y la encuentran sin demasiadas dificultades, nuestros besos se acentúan aun mas y mientras que nuestros órganos genitales ya rozan y siento como entro en ti, oyendo tus gritos en mi oído y sintiendo como tus muslos presionan mis caderas, y veo como arqueas el cuerpo hacia atrás, viendo tus pechos casi hundidos en el agua como se sumergen y emergen mientras forman olas que desbordan el agua hacia la madera de la caseta empapándolo todo y digo bien todo. Los gritos son libres por que no nos oye nadie, tu sonrisa me excita hasta la locura, sexo y risas, esa combinación que solo tu y yo conocemos, Jean Birkin con su Elisa hace que culminemos el grito que hace que nos envolvamos en un orgasmo caótico y maravilloso, donde solo la respiración entrecortada de nuestras almas y el ya verdadero molesto ruido de los chorros del spa hacen que entremos en una especie de trance en el abrigo de nuestro abrazo. Gracias por darme la Pettit Mort tenía tantas y tantas ganas.¿Nos secamos y nos vamos a la cama a seguir escuchando música?.

 

 

LE PETIT MORT

Dibujo de

LUIS MIGUEL MONTES

 

 

 

 

Facundo Cabral