Tony Zenet

 

Llegamos sobre aviso de que nos íbamos a divertir voces desde Sevilla nos lo advirtieron , sobre las seis de la tarde ya teníamos el coche metido en un parking cercano a  la Gran Vía , paseando hasta el Fnac de Callao, como llegamos con tiempo aprovechamos para ponernos al día en las novedades literarias y observar un poco a las personas que allí se recrean con el clima que la literatura da, miramos libros de Osho , de José María Fonollosa, uno de sexo tántrico de se compró uno de mis acompañantes y El Consuelo que compré yo de Anna Gavalda, una vez respirado la atmosfera que dan los libros y oteado a los viandantes, bajamos para estar de los primeros en la cola de entrada al pequeño auditorio, después de una breve espera de risas y anécdotas entramos los primeros y como no es de otra manera ocupamos los asientos de la primera fila, empezó con ocho minutos de retraso y de que manera, lo que empieza mal es susceptible de empeorar, Tony y su guitarrista que me perdone por no acordarme de su nombre se acomodaron, primero la silla le jugó una mala pasada al artista que se le vino abajo y apunto de caerse estuvo, luego abrió una botella de agua entre las piernas que hizo que se derramara en sus piernas, las risas se acentuaron en el pequeño y acogedor recinto, la primera canción empezó y de que manera , nos contagió su magia y nos embrujó con su fuerza, todo regado con la destreza y maestría de su partener en la guitarra, la poca altura del artista parecía crecer en cada nota y cada requiebro de voz, que forma de cantar, que manera de interpretar unas letras hechas con mucha exquisitez. “Entre tu balcón y mi ventana median  los mares de China por eso solo me conformo con un beso de esos y soñar contigo, que me muerdas flojito como las ratas por que si me muerdes muy fuerte solo nos quedara discutir por dormir en el mismo lado de la cama para dar paso a las causas perdidas y que cada uno coja el camino hacia el agua de Levante”. Desde luego que ha sido un broche de oro a la semana, el concierto duró cuarenta y cinco minutos que puede parecer poco y de hecho lo es pero os aseguro que lo mejor de esto es quedarse con hambre como todo lo que a uno le gusta siempre es su justa medida y proporción puede ser para toda la vida en el recuerdo, después de tan asombrosa velada regresamos a casa con la sensación de haber ganado el partido de nuestro equipo y comentando las mejores jugadas.

 

 

 

 

 

 

Un Paseo Quimérico

Lamento salir de casa descalzo sin ningún lugar donde ir, y que las piedras se me claven como puñales en la planta de los pies, con la mirada distraída y sin nada que me abrigue, pero las ganas de llegar a mi objetivo son más fuertes que las dificultades del camino y ese objetivo no es otro que conocerme a mí mismo, cuáles son las cosas que podría hacer con un grado de libertad pura, los retos que alcanzaría, las miserias que me envolverían, porque de todo habrá. El camino será arduo, angosto, las ganas son sobre naturales, quizás sea una quimera, pero no lo he analizado, por primera vez hago caso a mi corazón, sin razonar las consecuencias, quiero ser un vagabundo, un proscrito que se mueve sin dirección, sin billete de vuelta, conociendo, enriqueciéndome, gozando de cada milla recorrida, cada metro, no mirar hacia atrás, todo es nuevo, los pies se van endureciendo en cada pisada, y el frío se apacigua en cada movimiento como manto que me protege de cada embestida de este viento afilado que se mete por mis huesos, como cadena que me obliga a retroceder, lo tengo decidido, no puedo mirar atrás es primordial avanzar para que el gozo sea pleno y el objetivo que por ahora es impreciso se cumpla, sólo conocer  mis límites, mis deseos, en definitiva _ quiero ponerme a prueba, mi capacidad de ser autosuficiente, madurar, experimentar, sentir la sensación de autarquía, de buscarme la vida, que ninguna estrella me guíe, sólo el corazón, sin prisas, que los obstáculos me fortalezcan, que de cada siete veces que me caiga me levante ocho, que encuentre quién me acompañe en ese divagar sin pretensiones ni contratos, a fondo perdido. El morral lo llevo lleno de recuerdos entrañables que lo son por dejarlos a tiempo, también lleno de esperanza en este divagar que para mí es como un despertar y un giro rotundo a mi vida. Cuando el camino más abrupto se perpetraba encontré a una persona a la que saludé con cordial respeto y cabizbajo, era un bella joven de pelo moreno y ojos marrones, no muy alta, con algo de acento, que me preguntó si me acompañaba en este divagar, le dije que ya iba acompañado, pero incrédula preguntó que ella no veía a nadie, ¡voy acompañado de la soledad!_ ¿Y es buena acompañante? _ Cuando se anhela es de lo más reconfortante, pero me vendrá bien compartirla contigo, ¿por qué vas descalzo? _ Sé que voy descalzo porque tú me lo has recordado, mis talones son de lo más confortable, porque por fin hago algo con plena libertad, _ ser yo mismo, así que lo de los pies es una mera anécdota. Seguimos caminando y debo decir que sus ojos hablaban, me gustaba su compañía, el camino seguía por un pueblo de cuya región no recuerdo y mi brújula imaginaria no me marcaba el rumbo, podría ser del sur, o del norte, no quiero preguntármelo. Mi bisoña acompañante no era muy habladora cosa que agradecía encarecidamente, y la soledad era nuestra mejor aliada, supongo que la curiosidad la estaba matando o debo decir que a lo mejor buscaba lo que yo busco, sólo el tiempo y el terreno tendrían la respuesta. No muy lejos de nuestro encuentro, en un árbol centenario, en su gran sombra descansaba un señor con sombrero negro y harapiento, con la mirada distraída, cansada y la tez marcada por la mella del tiempo, nuestro paso le llamó la atención y lo saludamos cordialmente. ¿Hacia dónde os dirigís? _ No nos lo hemos preguntado, ni siquiera sabemos nuestros nombres, pero no importa, sólo el afecto me importa, no quiero dependencias, no quiero lazos inesperados, lo que tenga que surgir que surja. El señor harapiento se unió a nuestro bagaje, ya éramos tres compañeros en este incierto viajar. Al cabo de ciertos días pregunté a la chica de qué huía o qué buscaba, la pasión, la ilusión, me contestó, tajante en su respuesta, ¿y este camino te dará lo que buscas? No me he preguntado eso nunca, sólo ando para que lo que venga me llegue sin más pretensión. Y tú, ¿qué buscas tú? El egregio señor me miró con el entrecejo enjuto y sólo me dijo, el AHORA, que es lo que estoy viviendo, mi familia sois vosotros, y no sé cuánto disfrutaré de vuestra compañía. Entonces seguimos caminando como en el cuento de El Mago de Oz, buscando cada uno sus carencias como denominador común, compartiendo sólo nuestra física presencia.

 

 

 

 

Montaña Rusa

Y me monté en la montaña rusa con ese sabor agridulce que da a los temerosos de los riesgos gratuitos, la sensación de ver cielo, esperándote la gran caída, el bajón estrepitoso donde el cuerpo está desprendido del firme y solo estas a mercé de una barra de hierro, luego pasamos a la tenue subida pero no menos importante, y volvemos a caer está vez de una manera mas esperada pero aguantando la gravedad, y aliándote con el viento que deforma la cara, llegamos a unos luping graciosos que nos hacen disfrutar pero con cautela para la próxima sacudida, el ruido del acero con acero es parte de la banda sonora de la escena, y de nuevo los brazos no son dueños de las circunstancias y estamos a disposición de la cinética energía, a posteriori la calma reina en nuestro cerebro y el control parece absoluto, el final llega con un alivio orgásmico, a ver lo que dura, no volveré a montar, pero no se porque hay otra fuerza que no es la cinética ni  la gravitatoria que nos hace volver. Así es como yo veo la vida, una montaña rusa que sube y baja en la que hay descansos que te hacen disfrutar pero con cautela.